El cristiano en la sociedad

El mundo posmoderno anula nuestra identidad. 

“Hay un hecho que, para bien o para mal, es el más importante en la vida pública europea de la hora presente. Este hecho es el advenimiento de las masas al pleno poderío social. Como las masas, por definición, no deben ni pueden dirigir su propia existencia, y menos regentar la sociedad, quiere decirse que Europa sufre ahora la más grave crisis que a pueblos, naciones, culturas cabe padecer. Esta crisis ha sobrevenido más de una vez en la historia. Su fisonomía y sus consecuencias son  conocidas. También se conoce su nombre. Se llama la rebelión de las masas.” Así es como comienza José Ortega y Gasset su obra “La rebelión de las masas” y no puede ser más correcto.

En la actualidad –pese a que este texto esté escrito en 1929– la sociedad diluye el concepto del “yo”; la persona se deja a merced de un conjunto que, en la inmensa mayoría de los casos, no le caracteriza para nada. El pilar básico de la identidad del cristiano es la relación con Dios y de los signos con los otros por medio del amor. Y este no está presente en la sociedad estándar.

La masa nos obliga a negar a Cristo. Aquella con la que nos tenemos que sentir caracterizados (regida por un pensamiento heredado del vitalismo europeo), deja a un lado la experiencia religiosa porque le estorba, porque nos da la libertad que la sociedad nos roba.

El Hombre ha de vivir en comunidad. Una comunidad en la que el centro sea la Persona: cada uno no es uno más o un número en un conjunto, cada uno es en tanto que por un otro. Es por esto que cuando nos preguntamos: “¿cuál es mi papel en la sociedad?” veamos al otro y en él veamos la misión que Él nos encomienda: “Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros; como yo os he amado, amaos también los unos a los otros. En esto reconocerán todos que sois mis discípulos: en que os amáis unos a otros.” (Jn 13, 34-35)

cristianos

No podemos dejar que la sociedad anule nuestra identidad, no hemos de temer seguir a Cristo y anteponer el amor a cualquier desvalorización impuesta por la masa. Somos testigos, mensajeros de Dios. Como hermanos en Cristo hemos de vivir en comunidad. Diluirnos juntos como la sal para ser luz. La voz del cristiano intenta ser callada por las fauces sociales pero Daniel no fue vencido por los leones (Dn 6) al igual que la Verdad, la Palabra, no ha de ser vencida por la degradación del Hombre. No hemos  de cansarnos de mantener el cayado en alto (Éx 17, 11-12) no han de cansarse nuestros labios y nuestras manos de predicar y obrar la Palabra de Dios.

 

Vuestro hermano en Cristo,

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