El servicio

«Pues bien, si yo, que soy el Maestro y el Señor, os he lavado lo pies, vosotros debéis hacerlo mismo unos con otrosJn 13, 14.

Recién acabamos de terminar la Semana Santa y nos adentramos en la celebración de la Pascua.

En estos  días de gran fervor religioso, la Pasión nos deja  algo más que sentimiento: mensajes. Muchos mensajes leemos en la Palabra de este tiempo. Ahora quiero enfocarme en uno de ellos que se cuenta entre los más bellos.

El Jueves Santo celebramos la conmemoración de aquella cena pascual que Cristo celebró con los Apóstoles. En ella hay un gesto especial: el lavatorio de pies (Jn 13); donde se nos recuerda la importancia del servicio. Digo recuerda porque desde antiguo el pueblo judío era consciente de esa necesidad (Dt 6, 13 :“Respetarás al Señor tu Dios, a él le servirás y en su nombre jurarás”. Es preciso señalar que el Deuteronomio es un compendio de tres discursos de Moisés a su pueblo para que viva de acuerdo a la alianza. Literalmente, “Deuteronomio” significa “segunda ley”.)

Pero con Cristo el servicio va a un paso más allá. Hay que servir tanto a Dios como al prójimo y al primero por medio del segundo. Si bien nos dijo esa misma noche “Os doy un mandamiento nuevo: Amaos los unos a los otros. Como yo os he amado, así también amaos los uno a los oros. Por el amor que os tengáis los uno a los otros reconocerán todos que sois discípulos míos.” (Jn 13, 34-35), Él nos amó hasta el extremo. Y nosotros hemos de hacer lo mismo.

Si nos paramos a pensarlo, menudo trabajo más laborioso nos manda el Señor: dar como Él la vida por los demás. Pero nos indica el camino: sirve. No en el significado de “ser útil, ser de provecho”, sino en el contexto de que estemos sujetos a alguien estando a su servicio. De hecho nos recuerda Pablo en la Primera carta a los Corintios cómo podemos llegar a ese servicio: “el que habla en nombre de Dios, habla a los hombres, los ayuda espiritualmente, los anima y los consuela” (1 Cor 14, 3).

Es decir, el servicio para con el prójimo ha de ser mediante el Evangelio. Y esto no puede ser de otra forma que no sea la Palabra ya que Cristo es Verbo encarnado.

Por último recalcar que esta tarea no es nada fácil. Tampoco se nos dijo que lo fuera pero, cuando nos sintamos tentados por lo terreno faltando a nuestro servicio acordémonos de Nuestro Señor cuando ante las tentaciones en el desierto (Mt 4, 1-11) venció sirviendo a Dios ya que “nadie puede servir a dos amos; porque odiará a uno y amará al otro, o será fiel a uno y al otro no le hará caso. No podéis servir a Dios y al dinero” (Mt 6, 24).

 

Feliz Pascua. Vuestro hermano en Cristo,

Las negaciones del Hombre

«Pedro lo negó otra vez y en aquel momento cantó el gallo» Jn 18, 27.

Muchas veces nos creemos buenos seguidores de Cristo cuando en nuestra labor cotidiana le negamos constantemente. Si bien es cierto que es poco frecuente que nos manifestemos en contra del dogma católico de forma verbal, sí es común viendo que nuestras obras no siguen las enseñanzas de Jesús.

Por nuestros actos nos han de reconocer y, sin embargo, decidimos diluirnos con la multitud. Se nos antoja demasiado pesada la cruz que hemos de cargar y optamos por dejarla a un lado del camino, para que la espalda descanse, para que el cuerpo no se agote. Pero no nos damos cuenta que a cada paso que damos en la Tierra sin cargar la cruz, esta se va volviendo más y más pesada a nuestros ojos. Y esto es porque, una vez que nos alejamos de Dios, nuestras vanidades y el malvado orgullo surgen para evitar que nos acerquemos otra vez a los brazos abiertos de Cristo que nos dan la fuerza para cargar con la misión.

La Palabra hay que meditarla en nuestro interior; hay que adorarla. ¡Pero no hay que encarcelarla! La proyección de la Palabra es la evangelización y esta no puede ser sin los actos. Los católicos somos seguidores de palabra y de hecho; no podemos dejarnos llevar por la corriente de un riachuelo cuando Cristo nos ofrece la mayor fuerza, la mejor resistencia, la fortaleza: su mano. Aceptando la mano que Él nos tiende caminar por sus arduos senderos se convierte en gozosa labor.  Nos convertimos en fieles discípulos de Cristo.

Sin embargo, si se apodera de nosotros el pensamiento imperante en la sociedad, llegamos a acoger en nuestra razón los siguientes versos de Charles Baudelaire (poeta bohemio francés del siglo XIX), fruto del alejamiento maldito, y recogidos en su obra ‘Les Fleurs du mal’ (‘Las flores del mal’): 

CXVIII

EN RENIEGO DE SAN PEDRO

¿Qué es lo que Dios hace, entonces, de esta oleada de anatemas
Que sube todos los días hacia sus caros Serafines?
¿Cómo un tirano ahíto de manjares y de vinos,
Se adormece al suave rumor de nuestras horrendas blasfemias?

Los sollozos de los mártires y de los ajusticiados,
Son, sin duda, una embriagadora sinfonía,
Puesto que, malgrado la sangre que su voluptuosidad cuesta,
¡Los cielos todavía no están saciados del todo!

—¡Ah, Jesús! ¡Recuérdate del Huerto de los Olivos!
En tu candidez prosternado, rogabas
A Aquel que en su cielo reía del ruido de los clavos
Que innobles verdugos hundían en tus carnes vivas,

Cuando viste escupir sobre tu divinidad
La crápula del cuerpo de guardia y de la servidumbre,
Y cuando sentiste incrustarse las espinas,
En tu cráneo donde vivía la inmensa Humanidad;

Cuando de tu cuerpo roto la pesadez horrible
Alargaba tus dos brazos distendidos, que tu sangre
Y tu sudor manaban de tu frente palidecida,
Cuando tú fuiste ante todos colgado como un blanco.

¿Recordabas, acaso, aquellos días tan brillantes, y tan hermosos
En que llegaste para cumplir la eterna promesa,
Cuando atravesaste, montado sobre una mansa mula
Caminos colmados de flores y de follaje,

En que el corazón henchido de esperanzas y de valentía,
Azotaste sin rodeos a todos aquellos mercaderes viles?
¿Cuándo fuiste tú, finalmente, el amo? El remordimiento,
¿No ha penetrado en tu flanco mucho antes que la lanza?

—Por cierto, en cuanto a mí, saldré satisfecho
De un mundo donde la acción no es la hermana del ensueño;
¡Pueda yo empuñar la espada y perecer por la espada!
San Pedro ha renegado de Jesús … ¡Hizo bien!

¿No es esta una de los mayores retratos del pensamiento que hoy día se nos impone a los que nos declaramos testigos, defensores y seguidores de la Verdad? Pues del mismo modo que el sudor corrió por la frente de Cristo, la misma que se vio bañada por su sangre, hemos de cargar nosotros con la cruz, siendo ayudados por los otros y ayudando a aquellos que notamos más débiles para que algún día puedan cargar con la suya, en Comunidad. Y en comunidad andar; caminar por las sendas que Dios nos tiene preparadas, no solo para no negar a nuestro Señor, sino para cantar y predicar su Gloria y su Nombre. Mediante la Palabra y la acción.

Vuestro hermano en Cristo,

El cristiano en la sociedad

El mundo posmoderno anula nuestra identidad. 

“Hay un hecho que, para bien o para mal, es el más importante en la vida pública europea de la hora presente. Este hecho es el advenimiento de las masas al pleno poderío social. Como las masas, por definición, no deben ni pueden dirigir su propia existencia, y menos regentar la sociedad, quiere decirse que Europa sufre ahora la más grave crisis que a pueblos, naciones, culturas cabe padecer. Esta crisis ha sobrevenido más de una vez en la historia. Su fisonomía y sus consecuencias son  conocidas. También se conoce su nombre. Se llama la rebelión de las masas.” Así es como comienza José Ortega y Gasset su obra “La rebelión de las masas” y no puede ser más correcto.

En la actualidad –pese a que este texto esté escrito en 1929– la sociedad diluye el concepto del “yo”; la persona se deja a merced de un conjunto que, en la inmensa mayoría de los casos, no le caracteriza para nada. El pilar básico de la identidad del cristiano es la relación con Dios y de los signos con los otros por medio del amor. Y este no está presente en la sociedad estándar.

La masa nos obliga a negar a Cristo. Aquella con la que nos tenemos que sentir caracterizados (regida por un pensamiento heredado del vitalismo europeo), deja a un lado la experiencia religiosa porque le estorba, porque nos da la libertad que la sociedad nos roba.

El Hombre ha de vivir en comunidad. Una comunidad en la que el centro sea la Persona: cada uno no es uno más o un número en un conjunto, cada uno es en tanto que por un otro. Es por esto que cuando nos preguntamos: “¿cuál es mi papel en la sociedad?” veamos al otro y en él veamos la misión que Él nos encomienda: “Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros; como yo os he amado, amaos también los unos a los otros. En esto reconocerán todos que sois mis discípulos: en que os amáis unos a otros.” (Jn 13, 34-35)

cristianos

No podemos dejar que la sociedad anule nuestra identidad, no hemos de temer seguir a Cristo y anteponer el amor a cualquier desvalorización impuesta por la masa. Somos testigos, mensajeros de Dios. Como hermanos en Cristo hemos de vivir en comunidad. Diluirnos juntos como la sal para ser luz. La voz del cristiano intenta ser callada por las fauces sociales pero Daniel no fue vencido por los leones (Dn 6) al igual que la Verdad, la Palabra, no ha de ser vencida por la degradación del Hombre. No hemos  de cansarnos de mantener el cayado en alto (Éx 17, 11-12) no han de cansarse nuestros labios y nuestras manos de predicar y obrar la Palabra de Dios.

 

Vuestro hermano en Cristo,

¿Cuál es la diferencia entre la biblia católica y la protestante?

Cualquiera que haya tenido la oportunidad de examinar alguna edición protestante de la Biblia, sin duda se dio cuenta de que hay una diferencia en la cantidad de libros de esta y la católica. De hecho, el Nuevo Testamento contiene 27 libros en la Biblia católica y la protestante: comienza en el Evangelio de Mateo y termina con el Apocalipsis. El número de libros del Antiguo Testamento, sin embargo, es diferente.

El canon (lista) católico contiene 46 libros y el protestantes 39 . En este ultimo,no están los libros de Tobías, Judit, Sabiduría, Baruc, Eclesiástico, I Macabeos y II Macabeos . Por otra parte,  faltan algunos fragmentos de los libros de Ester y Daniel.

¿Por qué faltan estos pasajes sagrados en la Biblia de los protestantes ? La Iglesia Católica, además de las Sagradas Escritura y de la Tradición, está basada en el Magisterio. Esto asegura que el Evangelio transmitido y la fe profesada es la misma que fue enseñada por Cristo a lo largo del tiempo. Inicialmente, estaba formado por personas elegidas por Jesús, los Apóstoles, cuyos sucesores son hoy responsables de confirmar a los hermanos y asegurar la custodia de la fe .

En el siglo XVI , los protestantes se alejaron del Magisterio, renegando de el. Bajo la afirmación de que la Iglesia Católica se había corrompido, emprendieron un esfuerzo arqueológico importante para recuperar la llamada Iglesia “primitiva “. En este momento, se encontraron con que el pueblo judío tenía una lista diferente de libros sagrados, con 39 libros – es decir, 7 libros menos que el canon católico. De ahí concluyeron que la Iglesia católica añadió los otros libros a partir de ese tiempo.

Los siete libros adicionales son llamados deuterocanónicos. La palabra ” deuteros” proviene del griego δευτεροσ y significa “segundo “. Se les llama así porque, a pesar de que están contenidos en el canon del Concilio de Cartago en el siglo IV, se confirmaron oficialmente por el Concilio de Trento en el siglo XVI . De hecho, ya se encontraban en la versión griega de la Biblia, llamada la Septuaginta, pero no forman parte del texto hebreo . A partir de esto, en el siglo XIX , los protestantes decidieron abolir definitivamente los siete libros de su canon .

El Antiguo Testamento fue compilado originalmente en hebreo . El libro constaba de tres partes : 1 . la Torá que contienía los cinco primeros libros, también llamado el Pentateuco 2 . El Neviim que contienía los Profetas 3 . El Ketubim que contiene los Escritos . La diferencia entre el Tanaj ( Biblia Hebrea ) y el Antiguo Testamento de la Iglesia Católica se encuentra en el libro que contenía los “Escritos” .

Es interesante destacar que fue muy lento el proceso de canonización de estos libros. Primeros fueron canonizados los libros de la Torá , posteriormente el de los Profetas y más tarde, mucho más tarde, fueron canonizados el de los Escritos. En tiempos de Jesús el canon judío de la Biblia aún no estaba cerrado. Por lo tanto, los Judios, los contemporáneos de Jesús, siguían con el debate sobre cuáles eran los libros sagrados . Por ejemplo, los saduceos creían sólo en los libros de la Torá, los fariseos si aceptaban los de losProfetas y los Escritos, pero no del todo, porque pensaban que la inspiración de los Escritos no estaba concluida.

Jesús dio una orden a los Apóstoles: ” Id por el mundo y evangelizar”. En el mundo en ese momento se hablaba el Griego, que era el equivalente al Inglés de hoy. Por lo tanto, los Apóstoles comenzaron a predicar el Evangelio en griego . Pero, ¿cómo fue eso, si la Biblia era en hebreo ? Los Apóstoles comenzaron a usar una traducción de la Biblia del hebreo al griego llamada Septuaginta , que se había desarrollado en Alejandría, antes de Cristo.

Ocurre que en la traducción de los Setenta están contenidos esos siete libros . Sin embargo, cualquier erudito bíblico serio es capaz de darse cuenta de que en muchas citas del Antiguo Testamento en el Nuevo, se utiliza la traducción de la Septuaginta. Este fue el libro utilizado por los Apóstoles y este fue, por tanto, el que la Iglesia Católica adoptó .

Es cierto que hubo un conflicto entre los cristianos y los Judios, porque se dieron cuenta de que los apóstoles predicaban el Evangelio de manera diferente y, por tanto, los expulsaron ​​de las sinagogas . Este hecho también motivó a los Judios a cerrar el canon de los libros sagrados : decidieron la exclusión definitiva de los siete libros que aparecen en la Septuaginta.

Pero esto sólo ocurrió al final del primer siglo o un siglo después de la venida de Jesús . Por lo tanto, los protestantes, al aceptar el canon de la Biblia judía, se burlan de la autoridad dada a los apóstoles por Jesús  y aceptando la definición de los rabinos judíos, incluso después de Cristo.

Mucho se podría argumentar todavía en ese sentido, sin embargo , para los católicos basta saber que quien define el canon de las Escrituras es la Iglesia. También es importante recordar que fue esta misma Iglesia quien definió los otros 27 libros del Nuevo Testamento, sobre los que no hay discusión. Por lo tanto , una pregunta que no se puede dejar de plantea es : ¿por qué los protestantes aceptan la autoridad de la Iglesia Católica que definió los 27 libros del Nuevo Testamento y no aceptan la autoridad de la misma iglesia para los 46 libros del Antiguo Testamento?

Hasta el siglo III el canon del Nuevo Testamento aún no estaba definido. Esto es histórico. Había muchas listas, muchas discusiones sobre qué libros debían o no debían integrar las Sagradas Escrituras. No hay argumento que justifique la postura arbitraria de los protestantes al adherirse a los Judios a expensas de la fe de la Iglesia .

El primer documento de la iglesia que hace referencia a este canon actual ( 46 libros en el Antiguo y 27  libros en el Nuevo Testamento ) fue el Concilio de Hipona, en la época de San Agustín. Desafortunadamente no se han conservado las actas de este concilio. Sin embargo, casi contemporáneo de San Agustín , tenemos el Damasi Decretum , publicado en el año 382, que incluye lo que la Iglesia Católica universal debe aceptar y qué debe evitar.

El Catecismo de la Iglesia Católica en su número 120 y posteriores enseña sobre el canon de las Escrituras :

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“Fue la Tradición apostólica la que hizo a la Iglesia discernir qué escritos deberían ser incluidos en la lista de los libros sagrados . A esta lista completa se le llama el ” Canon” de las Escrituras. Contiene 46 ( 45 si contamos Jeremías y Lamentaciones juntos) escritos en el Antiguo Testamento y 27 en el Nuevo.

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Además, hay otros dos documentos que citan el canon de las Escrituras. El primero es el Concilio de Florencia, en su Decretum pro Iacobitis del 4 de febrero de 1442, que dice:

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“La Iglesia confiesa que es uno y el mismo Dios el autor del Antiguo y Nuevo Testamento, es decir, de la Ley y de los Profetas y también del Evangelio, porque los santos de uno y otro Testamento hablaron bajo la inspiración del mismo Espíritu Santo; y ella acepta y venera sus libros.

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El segundo es el famoso Concilio de Trento del 8 de abril de 1546, que publicó el decreto sobre los libros sagrados y las tradiciones que han de ser reconocidas. Veamos lo que dice:

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” El sacrosanto, ecuménico y universal Concilio de Trento, legítimamente reunido en el Espíritu Santo, bajo la presidencia de los tres mismos Legados de la Sede Apostólica, poniéndose perpetuamente ante sus ojos que, quitados los errores, se conserve en la Iglesia la pureza misma del Evangelio que, prometido antes por obra de los profetas en las Escrituras Santas, promulgó primero por su propia boca Nuestro Señor Jesucristo, Hijo de Dios y mandó luego que fuera predicado por ministerio de sus Apóstoles a toda criatura [Mt. 28, 19 s; Mc. 16, 15] como fuente de toda saludable verdad y de toda disciplina de costumbres; y viendo perfectamente que esta verdad y disciplina se contiene en los libros escritos y las tradiciones no escritas que, transmitidas como de mano en mano, han llegado hasta nosotros desde los apóstoles, quienes las recibieron o bien de labios del mismo Cristo, o bien por inspiración del Espíritu Santo; siguiendo los ejemplos de los Padres ortodoxos, con igual afecto de piedad e igual reverencia recibe y venera todos los libros, así del Antiguo como del Nuevo Testamento, como quiera que un solo Dios es autor de ambos, y también las tradiciones mismas que pertenecen ora a la fe ora a las costumbres, como oralmente por Cristo o por el Espíritu Santo dictadas y por continua sucesión conservadas en la Iglesia Católica.

Ahora bien, creyó deber suyo escribir adjunto a este decreto un índice [o canon] de los libros sagrados, para que a nadie pueda ocurrir duda sobre cuáles son los que por el mismo Concilio son recibidos.

Son los que a continuación se escriben: del Antiguo Testamento: 5 de Moisés; a saber: el Génesis, elExodo, el Levítico, los Números y el Deuteronomio; el de Josué, el de los Jueces, el de Rut, 4 de losReyes, 2 de los Paralipómenos, 2 de Esdras (de los cuales el segundo se llama de Nehemías), Tobías, Judit, Ester, Job, el Salterio de David, de 150 salmos, las Parábolas, el Eclesiastés, Cantar de los Cantares, la Sabiduría, el Eclesiástico, Isaías, Jeremías con Baruch, Ezequiel, Daniel, 12 Profetas menores, a saber: Oseas, Joel, Amós, Abdías, Jonás, Miqueas, Nahum, Habacuc, Sofonías, Ageo, Zacarías, Malaquías; 2 de los Macabeos: primero y segundo. Del Nuevo Testamento: Los 4 Evangelios, según Mateo, Marcos, Lucas y Juan; los Hechos de los Apóstoles, escritos por el Evangelista Lucas, 14 Epístolas del Apóstol Pablo: a los Romanos, 2 a los Corintios, a los Gálatas, a los Efesios, a losFilipenses, a los Colosenses, 2 a los Tesalonicenses, 2 a Timoteo, a Tito, a Filemón, a los Hebreos; 2 del Apóstol Pedro, 3 del Apóstol Juan, 1 del Apóstol Santiago, 1 del Apóstol Judas y el Apocalipsis del Apóstol Juan. Y si alguno no recibiere como sagrados y canónicos los libros mismos íntegros con todas sus partes, tal como se han acostumbrado leer en la Iglesia Católica y se contienen en la antigua edición vulgata latina, y despreciare a ciencia y conciencia las tradiciones predichas, sea anatema. Entiendan, pues, todos, por qué orden y camino, después de echado el fundamento de la confesión de la fe, ha de avanzar el Concilio mismo y de qué testimonios y auxilios se ha de valer principalmente para confirmar los dogmas y restaurar en la Iglesia las costumbres.” (DH 1501 -1505 )

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A diferencia de los protestantes, los católicos no pertenecen a la religión de un libro, sino  a la de una persona : nuestro Señor Jesucristo , que está vivo y presente en su Iglesia “una, santa , católica y apostólica “. Ella celebra en sucesión apostólica los mismos sacramentos , cree en la misma fe, la misma Escritura y está bajo el mismo gobierno eclesiástico con el Papa y los Obispos en comunión con él.

Como dijo San Agustín : “Ego vero Evangelio nos crederem, nisi me catholicae Ecclesiae commoveret auctoritas” (Yo no creería en el Evangelio si a esto no me llevase la autoridad de la Iglesia Católica)