El servicio

«Pues bien, si yo, que soy el Maestro y el Señor, os he lavado lo pies, vosotros debéis hacerlo mismo unos con otrosJn 13, 14.

Recién acabamos de terminar la Semana Santa y nos adentramos en la celebración de la Pascua.

En estos  días de gran fervor religioso, la Pasión nos deja  algo más que sentimiento: mensajes. Muchos mensajes leemos en la Palabra de este tiempo. Ahora quiero enfocarme en uno de ellos que se cuenta entre los más bellos.

El Jueves Santo celebramos la conmemoración de aquella cena pascual que Cristo celebró con los Apóstoles. En ella hay un gesto especial: el lavatorio de pies (Jn 13); donde se nos recuerda la importancia del servicio. Digo recuerda porque desde antiguo el pueblo judío era consciente de esa necesidad (Dt 6, 13 :“Respetarás al Señor tu Dios, a él le servirás y en su nombre jurarás”. Es preciso señalar que el Deuteronomio es un compendio de tres discursos de Moisés a su pueblo para que viva de acuerdo a la alianza. Literalmente, “Deuteronomio” significa “segunda ley”.)

Pero con Cristo el servicio va a un paso más allá. Hay que servir tanto a Dios como al prójimo y al primero por medio del segundo. Si bien nos dijo esa misma noche “Os doy un mandamiento nuevo: Amaos los unos a los otros. Como yo os he amado, así también amaos los uno a los oros. Por el amor que os tengáis los uno a los otros reconocerán todos que sois discípulos míos.” (Jn 13, 34-35), Él nos amó hasta el extremo. Y nosotros hemos de hacer lo mismo.

Si nos paramos a pensarlo, menudo trabajo más laborioso nos manda el Señor: dar como Él la vida por los demás. Pero nos indica el camino: sirve. No en el significado de “ser útil, ser de provecho”, sino en el contexto de que estemos sujetos a alguien estando a su servicio. De hecho nos recuerda Pablo en la Primera carta a los Corintios cómo podemos llegar a ese servicio: “el que habla en nombre de Dios, habla a los hombres, los ayuda espiritualmente, los anima y los consuela” (1 Cor 14, 3).

Es decir, el servicio para con el prójimo ha de ser mediante el Evangelio. Y esto no puede ser de otra forma que no sea la Palabra ya que Cristo es Verbo encarnado.

Por último recalcar que esta tarea no es nada fácil. Tampoco se nos dijo que lo fuera pero, cuando nos sintamos tentados por lo terreno faltando a nuestro servicio acordémonos de Nuestro Señor cuando ante las tentaciones en el desierto (Mt 4, 1-11) venció sirviendo a Dios ya que “nadie puede servir a dos amos; porque odiará a uno y amará al otro, o será fiel a uno y al otro no le hará caso. No podéis servir a Dios y al dinero” (Mt 6, 24).

 

Feliz Pascua. Vuestro hermano en Cristo,

Las negaciones del Hombre

«Pedro lo negó otra vez y en aquel momento cantó el gallo» Jn 18, 27.

Muchas veces nos creemos buenos seguidores de Cristo cuando en nuestra labor cotidiana le negamos constantemente. Si bien es cierto que es poco frecuente que nos manifestemos en contra del dogma católico de forma verbal, sí es común viendo que nuestras obras no siguen las enseñanzas de Jesús.

Por nuestros actos nos han de reconocer y, sin embargo, decidimos diluirnos con la multitud. Se nos antoja demasiado pesada la cruz que hemos de cargar y optamos por dejarla a un lado del camino, para que la espalda descanse, para que el cuerpo no se agote. Pero no nos damos cuenta que a cada paso que damos en la Tierra sin cargar la cruz, esta se va volviendo más y más pesada a nuestros ojos. Y esto es porque, una vez que nos alejamos de Dios, nuestras vanidades y el malvado orgullo surgen para evitar que nos acerquemos otra vez a los brazos abiertos de Cristo que nos dan la fuerza para cargar con la misión.

La Palabra hay que meditarla en nuestro interior; hay que adorarla. ¡Pero no hay que encarcelarla! La proyección de la Palabra es la evangelización y esta no puede ser sin los actos. Los católicos somos seguidores de palabra y de hecho; no podemos dejarnos llevar por la corriente de un riachuelo cuando Cristo nos ofrece la mayor fuerza, la mejor resistencia, la fortaleza: su mano. Aceptando la mano que Él nos tiende caminar por sus arduos senderos se convierte en gozosa labor.  Nos convertimos en fieles discípulos de Cristo.

Sin embargo, si se apodera de nosotros el pensamiento imperante en la sociedad, llegamos a acoger en nuestra razón los siguientes versos de Charles Baudelaire (poeta bohemio francés del siglo XIX), fruto del alejamiento maldito, y recogidos en su obra ‘Les Fleurs du mal’ (‘Las flores del mal’): 

CXVIII

EN RENIEGO DE SAN PEDRO

¿Qué es lo que Dios hace, entonces, de esta oleada de anatemas
Que sube todos los días hacia sus caros Serafines?
¿Cómo un tirano ahíto de manjares y de vinos,
Se adormece al suave rumor de nuestras horrendas blasfemias?

Los sollozos de los mártires y de los ajusticiados,
Son, sin duda, una embriagadora sinfonía,
Puesto que, malgrado la sangre que su voluptuosidad cuesta,
¡Los cielos todavía no están saciados del todo!

—¡Ah, Jesús! ¡Recuérdate del Huerto de los Olivos!
En tu candidez prosternado, rogabas
A Aquel que en su cielo reía del ruido de los clavos
Que innobles verdugos hundían en tus carnes vivas,

Cuando viste escupir sobre tu divinidad
La crápula del cuerpo de guardia y de la servidumbre,
Y cuando sentiste incrustarse las espinas,
En tu cráneo donde vivía la inmensa Humanidad;

Cuando de tu cuerpo roto la pesadez horrible
Alargaba tus dos brazos distendidos, que tu sangre
Y tu sudor manaban de tu frente palidecida,
Cuando tú fuiste ante todos colgado como un blanco.

¿Recordabas, acaso, aquellos días tan brillantes, y tan hermosos
En que llegaste para cumplir la eterna promesa,
Cuando atravesaste, montado sobre una mansa mula
Caminos colmados de flores y de follaje,

En que el corazón henchido de esperanzas y de valentía,
Azotaste sin rodeos a todos aquellos mercaderes viles?
¿Cuándo fuiste tú, finalmente, el amo? El remordimiento,
¿No ha penetrado en tu flanco mucho antes que la lanza?

—Por cierto, en cuanto a mí, saldré satisfecho
De un mundo donde la acción no es la hermana del ensueño;
¡Pueda yo empuñar la espada y perecer por la espada!
San Pedro ha renegado de Jesús … ¡Hizo bien!

¿No es esta una de los mayores retratos del pensamiento que hoy día se nos impone a los que nos declaramos testigos, defensores y seguidores de la Verdad? Pues del mismo modo que el sudor corrió por la frente de Cristo, la misma que se vio bañada por su sangre, hemos de cargar nosotros con la cruz, siendo ayudados por los otros y ayudando a aquellos que notamos más débiles para que algún día puedan cargar con la suya, en Comunidad. Y en comunidad andar; caminar por las sendas que Dios nos tiene preparadas, no solo para no negar a nuestro Señor, sino para cantar y predicar su Gloria y su Nombre. Mediante la Palabra y la acción.

Vuestro hermano en Cristo,

El cristiano en la sociedad

El mundo posmoderno anula nuestra identidad. 

“Hay un hecho que, para bien o para mal, es el más importante en la vida pública europea de la hora presente. Este hecho es el advenimiento de las masas al pleno poderío social. Como las masas, por definición, no deben ni pueden dirigir su propia existencia, y menos regentar la sociedad, quiere decirse que Europa sufre ahora la más grave crisis que a pueblos, naciones, culturas cabe padecer. Esta crisis ha sobrevenido más de una vez en la historia. Su fisonomía y sus consecuencias son  conocidas. También se conoce su nombre. Se llama la rebelión de las masas.” Así es como comienza José Ortega y Gasset su obra “La rebelión de las masas” y no puede ser más correcto.

En la actualidad –pese a que este texto esté escrito en 1929– la sociedad diluye el concepto del “yo”; la persona se deja a merced de un conjunto que, en la inmensa mayoría de los casos, no le caracteriza para nada. El pilar básico de la identidad del cristiano es la relación con Dios y de los signos con los otros por medio del amor. Y este no está presente en la sociedad estándar.

La masa nos obliga a negar a Cristo. Aquella con la que nos tenemos que sentir caracterizados (regida por un pensamiento heredado del vitalismo europeo), deja a un lado la experiencia religiosa porque le estorba, porque nos da la libertad que la sociedad nos roba.

El Hombre ha de vivir en comunidad. Una comunidad en la que el centro sea la Persona: cada uno no es uno más o un número en un conjunto, cada uno es en tanto que por un otro. Es por esto que cuando nos preguntamos: “¿cuál es mi papel en la sociedad?” veamos al otro y en él veamos la misión que Él nos encomienda: “Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros; como yo os he amado, amaos también los unos a los otros. En esto reconocerán todos que sois mis discípulos: en que os amáis unos a otros.” (Jn 13, 34-35)

cristianos

No podemos dejar que la sociedad anule nuestra identidad, no hemos de temer seguir a Cristo y anteponer el amor a cualquier desvalorización impuesta por la masa. Somos testigos, mensajeros de Dios. Como hermanos en Cristo hemos de vivir en comunidad. Diluirnos juntos como la sal para ser luz. La voz del cristiano intenta ser callada por las fauces sociales pero Daniel no fue vencido por los leones (Dn 6) al igual que la Verdad, la Palabra, no ha de ser vencida por la degradación del Hombre. No hemos  de cansarnos de mantener el cayado en alto (Éx 17, 11-12) no han de cansarse nuestros labios y nuestras manos de predicar y obrar la Palabra de Dios.

 

Vuestro hermano en Cristo,

El Corán me presento a Cristo

Para comenzar el apartado de Testimonios me parece interesante la historia de este musulmán, que comenzó su conversión después de leer el libro sagrado musulmán, el Corán. En su libro “Encontré a Cristo en el Corán”, recientemente publicado en español, Mario Joseph, que fue imán musulmán en la India y hoy es católico, explica su conversión: las referencias a Cristo en el Corán le llevaron al cristianismo.

Una de cada cinco personas sobre la tierra, si conoce algo de Jesús, es a través del Islam y del Corán. Los musulmanes, incluso los poco letrados, creen conocer a Jesús bastante, ya que aparece en el Corán como un profeta más. Que el Corán no lleve a más musulmanes al cristianismo se debe principalmente a que muchos musulmanes no conocen con detalle el Corán y no hacen preguntas incómodas sobre él. El musulmán de a pie conoce y profesa que Jesús, según el Corán, fue un gran profeta antes que Mahoma, que Dios lo engendró milagrosamente en María sin concurso de varón, que hizo milagros, etc…

La clave que inquietó a Mario Joseph es hasta qué punto es grande Jesús, sobre todo cuando se compara con lo que el Corán dice de Mahoma. A partir de su conversión confiesa haber sido perseguido, incluso por su familia, pero no tiene miedo en confirmar que Jesucristo es la verdad y miles de musulmanes se han convertido gracias a su testimonio .

Usar el Corán para comprobar las diferencias que da Jesús y a Mahoma es algo que se está empezando a difundir. En el ámbito cristiano protestante, el teólogo y apologeta evangélico Norman L. Geisler suele señalar estos 6 puntos de comparación entre ambos “profetas” según el Corán.

1) El Corán reconoce que Jesús nace de una mujer virgen, pero que Mahoma no (la tradición islámica conoce bien a los padres de Mahoma, Abdulá y Amina).

2) El Corán reconoce que Jesús no pecó, no tenía pecado en él, mientras que recoge que Mahoma sí era pecador.

3) En el Corán, Jesús es llamado el “Mesías”, es decir, el Ungido, un título muy elevado que Mahoma no recibe.

4) En el Corán Jesús es llamado “la Palabra de Dios”, un título poderoso y elevado, que Mahoma no recibe.

5) En el Corán se declara varias veces que Jesús hacía milagros, mientras que en este libro Mahoma no los hace.

6) Jesús en el Corán es ascendido al Cielo con su cuerpo; cosa que el Corán no recoge acerca de Mahoma.

Mario Joseph, cuando aún era imán musulmán y se llamaba Suleimán, sin conocer nada de Geisler y su exposición, ya había notado estos aspectos que le inquietaban.

Y cuando preguntaba a sus maestros si eso no significaba que Jesús era más grande que Mahoma, quizá mucho más grande, ellos no sabían responder con razones. Pero Mario Joseph señala algunos detalles más.

7) El nombre de Mahoma aparece en el Corán sólo 4 veces, bajo dos denominaciones: Ahmed y Mohammed. En cambio, Jesús es mencionado en el Corán con 4 títulos poderosos: Kalimathullahi (Palabra de Dios), Ruhullahi (Espíritu de Dios), Isá al-Masih (Jesús el Mesías) y, finalmente, Ibnu Mariam (hijo de María, título poderoso porque María es la más excelsa de las mujeres, protegida de Dios, modelo para todos, etc…)

8) El capítulo 19 del Corán, titulado “María”, canta excelencias asombrosas de Jesús que Mario no veía atribuidas en Mahoma, a saber:

– Jesús es la Palabra de Dios
– Jesús es el Espíritu de Dios
– Habló desde su cuna (el bebé Jesús, casi recién nacido, explica a unos maledicentes que su madre no ha tenido trato con varón)
– Dio vida a pájaros hechos de barro (historia que el Corán toma del evangelio apócrifo de Tomás, o de la Infancia, del siglo II).
– Curó enfermedades incurables
– Dio vida a los muertos
– Es omnisciente
– “Reveló todos los secretos”
– “Ascendió al Cielo”
– “Todavía está vivo”
– “Cristo volverá a venir”

¿Cómo encajar todo esto con la supuesta autoridad de Mahoma?

Y eso se refiere sólo a lo que se encuentra en el Corán: en los hadices y otras fuentes de tradición islámica, se ve claramente, por ejemplo, que los demonios no se acercaban siquiera a Jesús y María, tal era su pureza y santidad, mientras que sí hostigaban a Mahoma. ¿No hace eso de Jesús alguien muy superior?

 

Cristo fundó una sola iglesia

[title type=”h1″ class=””]Pruebas bíblicas e históricas[/title]

Nuestro Señor Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre dio su vida en la Cruz para salvar a los hombres del pecado y el poder del demonio. Fundó su Iglesia para continuar su obra de salvación. Única y exclusivamente a esta Iglesia que El mismo fundó, confió su misión, su Evangelio, su autoridad y sus poderes divinos para predicar, bautizar, hablar en su nombre y salvar a los hombres. Sin embargo, dieciséis siglos después de Cristo, Martín Lutero, un sacerdote católico excomulgado, inventó la teoría de la libre interpretación de la Biblia. Este libre examen produjo unas 36,000 sectas diferentes y opuestas, que sin ningún derecho se apropiaron del Evangelio, utilizándolo contra la legítima Iglesia. Para hacerse aceptar, todas estas sectas pretenden ser de Jesucristo. Hoy en día muchos fundan “su iglesia” y “predican la Biblia” a su modo, haciendo “discípulos” y sembrando confusión y división entre los católicos ignorantes. ¿Sería fruto del Espíritu Santo de Cristo todo esto? ¿Reconoce Cristo a estas 36,000 iglesias como suyas o las rechaza puesto que El no las fundó y a nadie dio autoridad para fundarlas? Frente a la confusión y desorientación provocadas por las sectas y los falsos profetas, para no dejarse engañar y perderse eternamente (Mateo 7, 15-23) ¿Como saber con certeza cuál es la verdadera Iglesia que Cristo fundó? Este asunto necesita de reflexión, mucha buena voluntad y humildad.

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[title type=”h2″ class=””]Cristo Fundó la Iglesia Católica[/title]

Toda persona que es lógica, cree en lo que dice la Biblia y quiere hacer la voluntad de Dios, debería aceptar los principios siguientes:

1. Cristo no escribió una Biblia, sino que fundó una Iglesia: formó hombres y los mandó a hablar y actuar en su Nombre (II Timoteo 2, 2; Lucas 10,16; Mateo 28,19; Juan 20,19-23).

2. La Iglesia que Cristo fundó debe necesariamente tener 21 siglos de existencia, puesto que Cristo vivió hace más de 2000 años en esta tierra.

3. Únicamente la Iglesia que tiene 21 siglos es la Iglesia fundada por Cristo; es la iglesia legítima, la que escribió la Biblia, la que recibió el Espíritu Santo, la que salva.

4. Ahora bien, la historia nos dice que la Iglesia Católica, es decir, la Iglesia cristiana universal, es la única Iglesia que tiene 21 siglos, y que esta misma Iglesia viene de los Apóstoles, a través de sus legítimos sucesores. Desde San Pedro, martirizado en el año 67 en Roma por el emperador romano Nerón, hasta el Papa Francisco, esta Iglesia tiene un jefe representante de Cristo en la tierra y sucesor legítimo de San Pedro, ahora llamado Papa.

5. Únicamente la Iglesia Católica y Apostólica, que ha tenido 265 Papas, puede proporcionarnos una lista de sus jefes, desde San Pedro hasta el Papa actual.

Ninguna otra iglesia puede ofrecernos esta lista de la sucesión apostólica. Si no puede mostrarnos esta escritura, significa que fue fundada después; y si fue fundada después, no es una iglesia legítima, ni verdadera ni bíblica; no puede ser obra de Cristo, esta “iglesia” fundada por supuestos profetas, no puede predicar correcta y legítimamente el Evangelio, ni santificar, ni salvar, aunque afirme a la ligera ser de Cristo (Mateo 7, 15-23). Es un instrumento de perdición que confunde la gente, ya que Cristo afirma que: “Surgirán muchos falsos profetas y extraviarán a muchos (Mateo 24,11). Es lo que está pasando hoy con la multiplicación de las sectas.

6. Cristo, por ser Dios, no puede equivocarse ni engañarnos: prometió a sus Apóstoles y a sus sucesores que El estaría con ellos hasta el fin del mundo y que las fuerzas del mal no podrían prevalecer contra su Iglesia (Mateo 28, 17-19; 16, 18) Por consiguiente, pretender que la Iglesia verdadera se acabó en el siglo cuarto y que el emperador Constantino “fundó la Iglesia Católica” es antibíblico y antihistórico; es una afirmación indigna de un hombre sensato.

7. Los que inventan supuestas iglesias desobedecen a Cristo y a sus legítimos representantes a quienes El dijo: “Quien a vosotros escucha, a Mí me escucha y quien a vosotros rechaza, me rechaza a Mí; ahora bien, quien me rechaza a Mí rechaza a Aquel que me envió” (Lucas 10, 16).

8. Iglesia Católica y Biblia son inseparables. Rechazar la Iglesia Católica y Apostólica y servirse de la Biblia, que esta misma Iglesia nos transmitió durante dieciséis siglos, es algo ilógico. Cristo por ser Dios, es sabio y prudente, no dejó la Biblia como una manzana de la discordia entre sus discípulos. Fundó una Iglesia, dejó un representante, que fue San Pedro y sus legítimos sucesores, para predicar, interpretar y defender su Evangelio contra los manipuladores de la Biblia (II Pedro 1, 20; Gal. 1, 8; II Cor. 11, 13-14). La Biblia en manos de los fundadores de sectas, no puede defenderse, no tiene boca para desmentir las falsas interpretaciones e injustas acusaciones.

9. La Iglesia verdadera necesariamente es UNA, SANTA, CATÓLICA Y APOSTÓLICA. Debe tener 2000 años; debe tener la misma fe, la misma moral, la misma autoridad mediante la legítima sucesión apostólica y la misma enseñanza, desde Cristo hasta hoy. Ahora bien, aparte de la Iglesia Católica, ninguna de las 36,000 iglesias protestantes cumple con estas condiciones (Juan 17, 20).
[title type=”h2″ class=””]La Biblia nos habla de una Iglesia[/title]

San Pedro, después de haber declarado que Cristo es el Hijo de Dios vivo, recibe del propio Cristo esta respuesta: “Yo te digo que tu eres Pedro y sobre esta piedra edificaré MI IGLESIA, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del reino de los cielos: todo lo que atares sobre la tierra, será atado en los cielos, y lo que desatares sobre la tierra, será desatado en los cielos” (Mateo 16, 17-19).
Nuestro Señor dice mi Iglesia, no dice mis iglesias. Aunque la Iglesia esté en el mundo entero, es una. Jamás de los jamases nuestro Señor habla de varias iglesias. Al contrario, nos advierte de no dejarnos engañar y extraviar por supuestos profetas que hacen su negocio con la Biblia.
[title type=”h2″ class=””]La Iglesia debe ser católica y apostólica[/title]

Así como Cristo es el único mediador entre Dios y los hombres (1 Timoteo 2, 5), así la Iglesia Católica es la única Iglesia que conduce a Jesucristo, puesto que ella sola fue fundada por El, para continuar su obra. Ella sola recibió al Espíritu Santo y la promesa de ser asistida por El hasta el fin del mundo (Hechos 1, 8; Mateo 28, 20); ella sola es “la Iglesia del Dios viviente, columna y sostén de la verdad” (I Timoteo 3, 15); ella sola es la Iglesia de la cual habla la Biblia. Separarse de ella es renunciar a Cristo. Que esta Iglesia tenga hijos ministros buenos o malos es otro asunto.

Cristo, Pontífice y Sacerdote supremo del Nuevo Testamento (Hebreos 4 y 5), formó a los Apóstoles y les comunicó sus poderes. Los Apóstoles que son los enviados y depositarios exclusivos de la autoridad de Cristo, antes de morir dejaron sucesores legítimos, esto es, formaron otros presbíteros y obispos, a quienes dieron el poder y la misión de predicar conforme la Fe que ellos recibieron, predicaron y transmitieron (II Timoteo 2, 2). Desde el siglo I hasta el XXI, siempre la Iglesia Católica tuvo sacerdotes, obispos y papas. Ella sola tiene esta sucesión apostólica legítima. San Pablo escribe a su discípulo, el obispo Tito: “Te he dejado en Creta (isla griega) para que arregles las cosas que faltan y para que constituyas presbíteros en cada ciudad como yo te ordené” (Tito 1, 5). Los presbíteros son los sacerdotes. El mismo San Pablo dice a los fieles de la ciudad de Corinto: “Os alabo porque observáis las tradiciones conforme os las he transmitido” (I Cor. 11, 2). “Mantened firmemente las tradiciones en que fuisteis adoctrinados, ya sea de viva voz ya sea por carta nuestra” (II Tesalonicenses 2, 15). Una secta que nació 2000 años después no ha visto nada, no recibió nada, no escuchó nada, no tiene ninguna tradición apostólica.

La palabra tradición viene del latín; significa “transmisión” y “entrega” del mensaje de Cristo, comunicado oralmente o por escrito (II Juan 12; III Juan 13). Por ejemplo por la Tradición sabemos que hay cuatro evangelios canónicos. En la Iglesia Católica, los fieles con sus presbíteros observaron lo que fue transmitido, y ellos lo transmitieron, bajo la vigilancia de los obispos, a la generación siguiente; así fue desde el siglo I hasta hoy.

La más antigua secta protestante fue fundada por Martín Lutero, 1521 años después de Cristo. Ahora bien, los protestantes, que nacieron dieciséis siglos después de los Apóstoles, nunca los conocieron ni los escucharon ni recibieron una Biblia de ellos. De ninguna manera pueden saber la correcta interpretación de la Biblia, que es el libro Sagrado de la Iglesia Católica y Apostólica. San Pablo dice: “Aun cuando nosotros mismos, aun cuando un ángel del cielo os anuncie un evangelio distinto del que os hemos anunciado, sea maldito. Lo dijimos ya, y ahora vuelvo a decirlo: Si alguno os predica un evangelio distinto del que recibisteis, sea anatema.” (Gálatas 1, 8-9). Toda interpretación de la Biblia que contradice la Fe católica y apostólica de 2000 años es un evangelio distinto. Todas las sectas, incluso las “evangélicas” predican por desgracia un evangelio diferente del que predicaron los Apóstoles y sus legítimos sucesores.

Hablando de los predicadores no autorizados por la legítima Iglesia, San Pablo dice: “Esos tales son falsos apóstoles, obreros engañosos, que se disfrazan de apóstoles de Cristo. No es maravilla, ya que el mismo Satanás se disfraza de ángel de luz. No es mucho, pues, que también sus ministros se disfracen ministros de justicia; su fin será el que corresponde a sus obras” (II Cor 11, 13-14).

Esto es algo tremendo e increíble. Sin embargo Cristo dijo: “Se levantarán muchos falsos profetas que engañaran a muchos […] y obrarán grandes señales y prodigios…” (Mateo 24, 11 ,24). Los falsos profetas harán incluso falsos milagros.
[title type=”h2″ class=””]La Iglesia debe ser apostólica[/title]

Cristo mandó a sus Apóstoles y sucesores anunciar su Evangelio (Mateo 28, 20). Los Apóstoles predicaron y dejaron representantes. San Pablo escribe a Timoteo, a quien consagró Obispo: “Lo que oíste de mí transmítelo a hombres fieles, los cuales serán aptos para enseñarlo a otros” (II Timoteo 2, 2). En la Iglesia Católica, desde San Pablo los obispos transmitieron a otros obispos lo recibido y los dejaron como guardianes de este depósito de la Fe (I Timoteo 6, 20) para evitar el robo y la confusión. Las palabras Iglesia y Católica vienen del griego y significan la asamblea universal de todos los fieles cristianos. Decir católico y decir cristiano es la misma cosa. “La iglesia, dijo San Agustín, es el pueblo cristiano esparcido por toda la redondez de la tierra“. Desde el año 107, San Ignacio mártir, segundo Obispo de Antioquia de Siria, después de San Pedro, utilizó el término Iglesia Católica.

Los rusos y griegos “ortodoxos”, por ejemplo, se separaron de la Iglesia Católica en el año 1054. Los protestantes y los evangélicos empezaron con Martín Lutero a partir de 1521. Los anglicanos fueron fundados en 1534 por el rey de Inglaterra, Enrique VIII, porque el Papa no le permitió divorciarse. Todas las demás sectas nacieron de la revolución luterana. Los Testigos de Jehová fueron fundados en Estados Unidos en 1871 por Charles Taze Russell; los Mormones en 1830 por Joseph Smith; los de la supuesta “Luz del mundo” en 1926 por Eusebio Joaquín González, en México. Los que se llaman “cristianos” son protestantes disfrazados. De todas estas sectas, ninguna tiene veintiún siglos, ninguna viene de los Apóstoles. Ahora bien, si Cristo no las fundó ¿Qué garantía de veracidad y legitimidad pueden tener? Absolutamente ninguna. Al contrario, la Biblia, la historia, el sentido común y la justicia las condenan como usurpadoras de misión y función (Jeremías 23, 21, 25; Mateo 7,15-23).

En conclusión, Nuestro Señor Jesucristo, el fundador de la Iglesia Católica, nos advierte: Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestiduras de ovejas; mas por dentro son lobos feroces… No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos; mas el que hace la voluntad de mi Padre, que está en los cielos, éste entrará en el reino de los cielos. Muchos me dirán en aquel día (del Juicio): Señor, Señor, ¿acaso no profetizamos en tu nombre, en tu nombre lanzamos demonios, y en tu nombre obramos muchos prodigios? Y entonces les declararé: nunca jamás os conocí; apartaos de mí los que obráis la iniquidad” (Mateo 7, 15-23).

En la crisis actual muchos de buena fe siguen a las sectas, pero pensando estudiar la Biblia pierden la verdadera fe cristiana. Se separaron de la Iglesia de Cristo para seguir ilegítimas que no tienen la autentica interpretación de la Biblia, ni legítimos ministros y que no pueden salvar. La solución es regresar a la Iglesia fundada por Cristo mismo, la que es Una, Santa, Católica y Apostólica.

Fuente : Catecismo de la iglesia católica.

La Sábana Santa

¿Qué es la Sábana Santa?

También llamada Síndone o Santo Sudario es, según una constante tradición y como parecen verificar los numerosísimos estudios que se han llevado a cabo sobre el tema, el lienzo o sábana de la cual nos hablan los evangelios: la sábana nueva y limpia en la cual José de Arimatea, con ayuda de Nicodemo, envolvió el cuerpo de Jesús tras su muerte en la cruz [Mt 27, 57ss; Mc 15, 42ss; Lc 23, 50ss; Lc 24, 12ss; Jn 19, 38ss; Jn 20, 5ss].

Es una gran pieza de lino de 4’41 m de largo y 1’13 m de ancho (después de la restauración del año 2002). Tras ciertos avatares históricos en 1578 llega a Turín (Italia), donde permanece hasta nuestros días.

En el año 1898, un fotógrafo llamado Secondo Pía realiza la primera fotografía de la historia a la Sábana Santa, descubriendo que la imagen contenía un negativo oculto, que relevaba la imagen perfecta de un hombre igual a Jesucristo.

Desde ese momento, la Sábana Santa se convertiría en el objeto más estudiado por la ciencia. En el año 1978 un equipo formado por 33 científicos dispares: físicos, químicos, hematólogos, forenses, bajo las siglas S.T.U.R.P. (Shroud of Turin Research Project) Realizaron el mayor estudio científico de la Sábana Santa hasta la fecha.

Durante 120 horas, 5 días ininterrumpidos y más de 150.000 horas de estudio realizaron cientos de pruebas sin ser capaces de revelar qué produjo la imagen, ni como se formó.Sólo pudieron determinar que no era una falsificación.La formación de la imagen era incompatible con cualquier técnica conocida.

¿Qué interés puede tener la Sábana Santa para un católico?

El interés es doble: científico y piadoso. Científico porque la Sábana Santa es la reliquia más estudiada científicamente que tiene la Iglesia, y una persona con cultura religiosa debe estar bien informada. Pero además tiene un enorme interés para la devoción, pues al haber quedado grabada en el lienzo la huella del cadáver de Cristo se puede hacer un estudio muy serio de lo que fue la pasión, por las heridas que han quedado patentes.

¿Qué relación hay entre la Sábana Santa y la fe?

La Sábana Santa no es de fe. La Iglesia no me manda creer en la Sábana Santa. La Iglesia sólo me manda creer en los dogmas de fe por ser verdades reveladas por Dios. La Sábana Santa no entra en el contenido de la Revelación. Es la ciencia y la cultura quienes me imponen la Sábana Santa: no la Iglesia. Hay muchas cosas que son verdad aunque no sean de fe: el Teorema de Pitágoras, el Principio de Arquímedes y las Pirámides de Egipto.

¿Por qué tanto interés en atacar a la Sábana Santa?

Por ignorancia o por mala fe. Hay razones sobradas para estar seguros de la autenticidad de la Sábana Santa. Las dificultades en contra son poco convincentes. Algunos se creen que atacando a la Sábana Santa vulneran la fe de la Iglesia. Están muy equivocados, pues la fe de la Iglesia se basa en la Biblia. No en la Sábana Santa. Si la Sábana Santa fuera falsa, que se la lleven. La Iglesia no la necesita. Pero si es verdadera, no nos resignamos a que nos la tiren a la basura.

Algunos dicen que es un fraude…

Imposible. No es pintura, pues no hay pintura entre hilo e hilo, y nadie puede pintar una imagen sin dejar pintura entre hilo e hilo. Además, los hilos están coloreados porque están quemados. La imagen está grabada a fuego. Esto fue un descubrimiento de los doctores en Ciencias Físicas de la NASA americana Jackson y Jumper. Ellos opinan que la imagen se produjo por una radiación. Cuando expusieron su descubrimiento en el Congreso Científico Internacional sobre La Sábana Santa en Turín, siempre que hablaban de esta radiación añadían radiación instantánea. Yo le pregunté a Jackson por qué añadían siempre lo de «instantánea», y él me contestó: «Porque los hilos no están carbonizados, sino superficialmente chamuscados, y por la penetración de la quemadura podemos medir la fracción de segundo que duró la radiación».

¿Por qué la radiación?

Esta radiación se produjo en el momento de la resurrección. No hay explicación más aclaratoria. Ningún cadáver de la historia ha dejado su imagen grabada a fuego en el lienzo que lo cubre. Si yo envuelvo un cadáver en una sábana dejará manchas de sangre, si tenía; de sudor, si tenía; de excrementos, quizás. Pero es cierto que ningún cadáver de la historia graba su imagen a fuego en el lienzo que lo cubre. Cristo, grabó su imagen porque resucito: no hay otra explicación.

¿En qué ha quedado el análisis del Carbono-14?

En nada. Cuando la noticia de que la Sábana Santa era falsa porque así lo afirmaban los analistas del Carbono-14, se difundió por los medios de comunicación, la mayoría de las personas la aceptó sin problemas, pues no tenían información suficiente de la Sábana Santa.Pero los entendidos en el tema, desde el primer momento rechazamos esta noticia.Este análisis no podía invalidar las anteriores investigaciones en los campos de la Historia, la Arqueología la Medicina, la Bioquímica, la Palinología, la Numismática, etc., que afirmaban su autenticidad.Si los analistas del Carbono-14, opinaban que era falsa había que buscarlas razones de su equivocación. Hoy ya las sabemos. Yo he asistido a Cinco Congresos Científico Internacionales, en los que se ha invalidado la prueba del Carbono-14 en la Sábana Santa.

¿Por qué ha sido inválida la prueba del Carbono-14 en la Sábana Santa?

Porque el Carbono-14 de la Sábana Santa está alterado, por lo tanto la datación que se basa en el Carbono-14 es inválida.Por varias razones.

1º. Por la radiación que grabó la imagen. Esto se demostró en el Congreso Científico Internacional de Roma por dos científicos: el Profesor Lindner, Catedrático de Química Técnica en la Universidad alemana de Karlsrue, y el Profesor Rinaudo,Catedrático de Medicina Nuclear en la Universidad francesa de Montpellier.

2º Por el incendio que sufrió en la iglesia de Chamberí estando guardada en una urna de plata. Así opina Dimitri Kutnestov, Físico Teórico en Moscú y Premio Lenín.

3º. Por la capa bioplástica, de hongos y bacterias, que cubre las fibras. Es una investigación del Dr. Leoncio Garza Valdés, microbiólogo de la Universidad de San Antonio en Texas (EE.UU.).

Tenemos documentación desde el siglo X. De siglos anteriores hay menos. En el diccionario alemán Lexicon für Theologie und Kirche se nos dice que el rey Abgar de Edessa se convirtió al cristianismo al curarse de la lepra por el contacto con un lienzo de Jesús de Nazaret. Este lienzo fue llevado a Constantinopla por deseos del emperador Romano Lecapeno. Gino Zaninnotto ha encontrado en los archivos vaticanos el manuscrito griego del sermón que pronunció el obispo Gregorio de Santa Sofía de Constantinopla el 16 de agosto del 944, día en que llegó este lienzo a Constantinopla. Roberto de Clary, cronista de la Cuarta Cruzada, en un manuscrito que se conserva en la Biblioteca Real de Copenhague, dice que Otto de la Roche, Jefe de la IV Cruzada, robó la Sábana Santa en el saqueo de Constantinopla, en 1204, y se la trajo a Francia. De la trayectoria en Francia hay mucha documentación.

El Evangelio habla de vendas.

Sólo en las malas traducciones de San Juan. En los Evangelios de San Mateo, San Marcos y San Lucas se habla de «sábana» que es la traducción correcta de «sindon». San Juan emplea la palabra griega «ozonia» que significa «lienzo». Es verdad que las vendas son lienzos, lo mismo que la sábana. Pero si los otros tres emplean la palabra «sábana» lo normal es traducir lienzo por sábana y no por vendas. Es verdad que los judíos fajaban a los cadáveres con vendas, como a Lázaro. Pero con Cristo no tuvieron tiempo, pues murió a las tres de la tarde y había que terminar la sepultura antes de que se pusiera el Sol, pues entonces empezaba el día festivo.

Como Nicodemo y José de Arimatea tuvieron que ir a pedir permiso a Pilatos para llevarse el cadáver, buscar los instrumentos y descolgar al Señor de la cruz, la tarde se les acababa y tuvieron que enterrarle rápidamente cubriéndolo con la sábana. Por eso después de la fiesta iban las mujeres a terminar la sepultura.

¿Qué tiene que ver la Sábana Santa con el Sudario de Oviedo?

El Sudario de Oviedo, que se conserva en la Cámara Santa de la catedral de Oviedo, es el lienzo que cubrió la cara de Cristo en el traslado de la cruz al sepulcro. Era un rito funerario judío que cuando la cara del difunto estaba desagradable a la vista se cubría con un velo. Y la cara de Cristo estaba horrible por la cantidad de sangre que brotó por la corona de espinas. El Dr. Tamburelli, catedrático de electrónica en la universidad de Turín, con el ordenador consiguió una fotografía con todos los surcos de sangre de la cara. Algo espeluznante.

Este lienzo llegó a Oviedo desde Toledo llevado por los cristianos que huían de la invasión musulmana. En el Archivo Capitular de la catedral de Oviedo hay documentación de la apertura de la urna donde se conservaba este pañolón, delante de Alfonso VI, Doña Urraca, el Cid Campeador y varios obispos, el 14 de marzo de 1075.
En este pañolón hay manchas de sangre, pero no hay imagen, pues al llegar a la tumba se lo retiraron, lo doblaron, lo colocaron en un sitio aparte, y cubrieron el cuerpo con la sábana. Por eso las manchas de sangre del pañolón de Oviedo coinciden con las manchas de sangre de la cara de la Sábana Santa. Esta coincidencia de las manchas de sangre del pañolón de Oviedo con las manchas de sangre de la cara de la Sábana Santa demuestra que los dos lienzos cubrieron la misma cara. Si este pañolón está en Oviedo desde el año 1000, la Sábana Santa no puede ser de 1300 como han dicho los analistas del Carbono-14. De aquí que el Sudario de Oviedo es un argumento más de que la datación del Carbono-14 es inválida.

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Fuente e Inspiración: Padre Jorge Loring.