El Dios de la Parábola del hijo pródigo

Tras haber estado este fin de semana realizando ejercicios espirituales y debido a la gran experiencia que he vivido quería compartir con ustedes algunas de las conclusiones. Así pues me parece bien comenzar con la descripción de Dios en la parábola del hijo prodigo, que es la perla de las parábolas de Jesús.

Esta parábola podríamos considerarla la respuesta a dos preguntas de vital importancia para cualquier persona, pero más aun cuando se trata de un cristiano:

  • ¿Quién es Dios para ti ?
  • ¿Quién eres tu para Dios?

 

Como ya dijo San Agustín: “Señor que te conozca para que me conozca”. Podríamos empezar analizando las palabras de Jesús cuando se refiere a Dios. El lo llama Abbá ( papaito) y según el Padrenuestro, que es la oración que el nos enseña, nos muestra que también nosotros tenemos ese privilegio. Así pues Jesús nos muestra a Dios como padre, con corazón de niño, en contraposición al “Señor de los Ejércitos” del antiguo testamento. Un Dios de amor incondicional, de misericordia eterna. Y quería hacer especial hincapié en esto, pues no son pocos los cristianos que interpretan así a Dios a través de la lectura de algunos pasajes del Antiguo Testamento. Jesús viene y explica a paganos y fariseos la naturaleza misericordiosa del Padre.

Continuamos analizando lo estudiado en filosofía: la inmutabilidad de Dios. A partir de la frase “un hombre tenía dos hijos”. En la parábola vemos que Dios es padre siempre, su amor es incondicional, no cambia nunca (es inmutable). Aun cuando su hijo decide abandonarle y salir de casa. No le niega su amor y misericordia a su vuelta. Un Dios de amor paciente mientras el hijo está fuera de casa. Un Padre que al regreso del hijo lo perdona, sin pensar en ningún momento en las afrentas cometidas por este, y lo invita a su casa donde organiza una gran fiesta matando al ternero cebado (el Reino de Dios).

Además tenemos a un Dios que nunca niega su bendición a los hijos (“dame la herencia”). El padre siempre da libertad a sus hijos, ya que esta es la esencia de la idea del amor. Un amor ha de ser libre, en caso contrario se trataría de esclavitud y Dios nunca quiere esto. Aun cuando apartas a Dios de tu vida y lo hieres con tu decisión el te da la libertad total. Pues se trata de un Dios que no impone leyes, al contrario de lo que interpretaban erróneamente los fariseos (representados en esta parábola en la figura del hijo mayor).

Podemos ver bien esta idea en el famoso cuadro de Rembrandt,  uno de los mayores maestros barrocos de la pintura y el grabado, siendo con seguridad el artista más importante de la historia de Holanda.

Representando la parábola del hijo pródigo que aparece en el evangelio de Lucas (c.15, v.11-32) tenemos este magnifico cuadro del pintor, poco antes de su muerte, que sabe transmitir muy bien algunas de las ideas de las que he hablado anteriormente. En el cuadro vemos a un padre inclinado, con una ceguera explicada por el dolor y el llanto provocado por la espera del hijo. Además observamos dos manos, una de mujer y otra de hombre, que pretenden hablarnos de la ternura y fortaleza de Dios. Dios es padre y madre.

Así pues podemos finalizar concluyendo que Dios nunca es causante de desgracia, nunca el es culpable de tu herida, nunca es la causa del mal. El es padre y quiere ser consuelo y abrazo en nuestro sufrimiento. Lo más hermoso es ver que Dios no se cansa y por mucho que nos alejemos de Él, cuando deseamos volver, ahí está con los brazos abiertos esperándonos con un corazón lleno de amor. Dios es el Pastor que se alegra al encontrar la oveja perdida. Él es el Padre misericordioso que espera a su hijo perdido con grandes ansias, le perdona cualquier falta cuando ve un verdadero arrepentimiento y lo llena de su amor.  Porque está escrito: “Os digo que así habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento.” 15:7