Chesterton, un converso siempre actual

 

Alguien dijo que “leer a Chesterton no es como leer a cualquier otro autor; te cambia la vida. Ha sido una bendición ver como ha cambiado también la de otras personas.” En efecto, Chesterton pertenece a una época de renacimiento católico en Inglaterra (finales del s.XIX e inicios del s. XX) y después del cardenal Newman es la figura más importante en ese movimiento. Su influencia en numerosos intelectuales ingleses es reconocida en toda la cristiandad, hasta el punto de que se le considera un autor ideal para presentar el mensaje de la Iglesia en el momento presente. Se han referido a él como el «príncipe de las paradojas». Además destacó como escritor y su personaje más famoso es el Padre Brown, un sacerdote católico de apariencia ingenua, cuya agudeza psicológica lo vuelve un formidable detective.

[blockquote]”La dificultad de explicar porqué soy católico radica en el hecho de que existen diez mil razones para ello, aunque todas acaban resumiéndose en una sola: que la religión católica es verdadera.”[/blockquote]

A pesar de todo, estoy seguro de que lo primero que me atrajo hacia el catolicismo, era algo que, en el fondo, debería más bien haberme apartado de él. Estoy convencido también de que varios católicos deben sus primeros pasos hacia Roma a la amabilidad del difunto señor Kensit.

El señor Kensit, un pequeño librero de la City, conocido como protestante fanático, organizó en 1898 una banda que, sistemáticamente, asaltaba las iglesias ritualistas y perturbaba seriamente los oficios. El señor Kensit murió en 1902 a causa de heridas recibidas durante uno de esos asaltos. Pronto la opinión pública se volvió contra él, clasificando como “Kensitite Press” a los peores panfletos antirreligiosos publicados en Inglaterra contra Roma, panfletos carentes de todo juicio sano y de toda buena voluntad.

Recuerdo además que alguien del diario “Daily News” (entonces yo mismo era todavía alguien del “Daily News”), como ejemplo típico del “formulismo muerto” de los oficios católicos, citó lo siguiente: un obispo francés se había dirigido a unos soldados y obreros cuyo cansancio físico les volvía dura la asistencia a Misa, diciéndoles que Dios se contentaría con su sola presencia, y que les perdonaría sin duda su cansancio y su distracción. Entonces yo me dije otra vez a mi mismo: “¡Qué sensata es esa gente! Si alguien corriera diez leguas para hacerme un gusto a mi, yo le agradecería muchísimo, también, que se durmiera enseguida en mi presencia”.

[blockquote]”Nosotros realmente no queremos una religión que tenga razón cuando nosotros tenemos razón. Lo que nosotros queremos es una religión que tenga razón cuando nosotros estamos equivocados…”[/blockquote]

Chesterton defendía que la experiencia de un converso era una experiencia única, ya que la conversión no significa un comienzo, sino una culminación. “La conversión es el comienzo de una activa, fructífera, progresiva y venturosa vida para el intelecto.” Asimismo la cuestión crucial para un converso es la ayuda divina. Es decir, las cuestiones de la gracia y de la fe.

[blockquote]”El cristianismo no es una religión, es una Iglesia. Puede que exista una religión musulmana, pero a nadie se le ocurriría hablar de una Iglesia musulmana. Es posible que el budismo sea una religión, pero nadie lo llamaría la Iglesia budista”[/blockquote]

En su defensa de la fe se batió con todos los adversarios: darwinistas, materialistas, capitalistas, nacionalistas, racistas, etc., toda una muchedumbre que tenia en común el odio a la Iglesia. Su preocupación es rebatir las críticas al catolicismo sin ser sectario, exponiendo simplemente su verdad.

Así relataba Chesterton:

[blockquote]“No existe ninguna otra institución estable e inteligente que haya meditado sobre el sentido de la vida durante dos mil años. Su experiencia abarca casi todas las experiencias, y en particular casi todos los errores. El resultado es un plano en el que están claramente señalados los callejones sin salida y los caminos equivocados, esos caminos que el mejor testimonio posible ha demostrado que no valen la pena, el testimonio de aquellos que los han recorrido antes (…). Además, la Iglesia defiende dogmáticamente a la humanidad de sus peores enemigos, esos monstruos horribles, devoradores y viejos que son los antiguos errores”.[/blockquote]

Hace ya mucho, sin embargo, que la Iglesia Católica probó no ser ella una invención de su tiempo: es la obra de su Creador, y sigue siendo capaz de vivir lo mismo en su vejez que en su primera juventud: y sus enemigos, en lo más profundo de sus almas, han perdido ya la esperanza de verla morir algún día.

San Francisco Javier

Francisco nace el 7 de abril de 1506 en el castillo de Javier, cerca de Pamplona (Navarra, España). Fue el menor de cinco hermanos en la familia formada por Juan de Jasso, doctor en Leyes por la Universidad de Bolonia y presidente del Consejo Real de Navarra y por la noble María de Azpilcueta. El castillo de Javier, bastión defensivo del Reino de Navarra frente a las tierras de Aragón, fue el lugar de nacimiento, infancia y juventud de Francisco, la roca sobre la que forjaría su personalidad enérgica y decidida y su talante generoso y espiritual, que mantendría a lo largo de toda su vida.

A los 19 años, Francisco marchó a París y estudió Filosofía en la Sorbona. Es aquí donde, compartiendo su cuarto con Ignacio de Loyola, y después de un camino de discernimiento mutuo, Francisco es tocado muy profundamente por una frase de Ignacio de la cual no se olvidará jamás, y que determinaría desde entonces el rumbo de su vida: “¿de que sirve al hombre ganar todo el mundo si pierde su alma?”. Francisco elige desde ya ganar su alma y la de muchos. Su intensa amistad con Ignacio de Loyola le llevó a cambiar el rumbo de su vida y a participar con él en la fundación de la Compañía de Jesús junto a otros siete compañeros, grupo de vanguardia y renovación espiritual, y a extender la fe católica hasta el confín del mundo.

[quote_right]”¿de que sirve al hombre ganar todo el mundo si pierde su alma?”. Logró Ignacio que Francisco hiciera los “Ejercicios Espirituales”, guiado por él y quedó transformado por la gracia.[/quote_right]

Ignacio comprendió muy bien esa alma: “Un corazón tan grande y un alma tan noble” -le dijo- “no pueden contentarse con los efímeros honores terrenos. Tu ambición debe ser la gloria que brilla eternamente”. El día de la Asunción de 1534, en la cripta de la iglesia de Montmartre, Francisco Javier, Ignacio de Loyola y otros cinco compañeros se consagraron a Dios haciendo voto de absoluta pobreza, y resolvieron ir a Tierra Santa para comenzar desde allí su obra misionera, poniéndose a la total dependencia del Papa.

Así comenzó la “Compañía de Jesús” aprobada por el Papa. El 24 de junio fueron ordenados sacerdotes, pero la guerra de Venecia y los Turcos hizo imposible la realización del deseo de estos apóstoles de ir a Tierra Santa.

Así pues, abandonada la perspectiva de la Tierra Santa, emprendieron camino hacia Roma, en donde Francisco colaboró con Ignacio en la redacción de las Constituciones de la Compañía de Jesús. Sin embargo, fue a los 35 años de edad cuando comenzó su gran aventura misionera. Por invitación del rey de Portugal, fue escogido como misionero y delegado pontificio para las colonias portuguesas en las Indias Orientales. Goa fue el centro de su intensísima actividad misionera, que se irradió por un área tan vasta que hoy sería excepcional aun con los actuales medios de comunicación social: en diez años recorrió India, Malasia, las Molucas y las islas en estado todavía salvaje. “Si no encuentro una barca, iré nadando” decía Francisco, y luego comentaba: “Si en esas islas hubiera minas de oro, los cristianos se precipitarían allá. Pero no hay sino almas para salvar”.

Llegados a Goa, se ven confrontados a miles de males entre ellos, la peste. Francisco se dedica a dar confianza y a descubrir a todos el amor de Dios, a curar y hasta hacer milagros. Evangelizando jóvenes abre escuelas, colegios, dispensarios, bautiza sin descansar jamás aceptando por amor miles de sacrificios y llevando a todos a la oración y a la conversión.

En 1546, parte Francisco para Amboino, isla en la cual entra hablando y cantando en el idioma popular como si hubiese vivido siempre ahí. Desde allí emprende la visita de todas las islas de Oceanía. Después de esta larga expedición, Francisco decide volver a Goa para encontrarse con sus compañeros llegados a Europa, asignarles el campo apostólico y prepararse para llevar la fe cristiana hasta Japón. En Malaca, en el año 1547, se encontró con Magno, un japonés insatisfecho con la religión que le habían enseñado sus bonzos (sacerdotes Budistas). Magno invitó a Francisco a ir a predicar la doctrina de Cristo a sus paisanos. En abril de 1549 emprendió el viaje hasta Japón junto con su amigo. Adoptando el estilo oriental Francisco conversaba con el pueblo mientras Magno le servía de intérprete. El fue primer occidental que se adentró en el territorio japonés, que visitó sus ciudades, que trató con sus habitantes, vistió su ropa, comió sus guisos, y descubrió y admiró sus costumbres. A través de las cartas de Francisco, Occidente recibió la primera noticia cierta de la existencia de aquel mundo nuevo.

[quote_left]Francisco de Javier fue el primer occidental que se adentró en el territorio japonés. A través de las cartas de Francisco, Occidente recibió la primera noticia cierta de la existencia de aquel mundo nuevo.[/quote_left]

Recorrió Kagosima , Hirado, Kioto, Bungo y Yamaguchi, donde se presentó ante su poderoso daimio, Ouchi Yoshitaka, quien le permitió predicar en las calles de su ciudad. Javier adquirió por ello una gran popularidad entre la ciudadanía y se convirtió en prototipo de la civilización occidental, ignorada hasta entonces en Japón.

Desde Japón, Francisco regresó a India y emprendió una nueva expedición con la idea de adentrarse en el gran imperio chino, el más poblado y poderoso del Oriente, en el que estaba penada con la muerte la entrada de cualquier extranjero. Lo intentó insistentemente pero murió a las puertas de China, en la isla de Sanchuan, cerca de Cantón. Su cuerpo fue trasladado, con veneración y fervor popular a Malaca y posteriormente a Goa.

Uno de los tripulantes del navío había aconsejado que se llenase de barro el féretro para poder trasladar más tarde los restos. Diez semanas después, se procedió a abrir la tumba. Al quitar el barro del rostro, los presentes descubrieron que se conservaba perfectamente fresco y que no había perdido el color; también el resto del cuerpo estaba incorrupto y sólo olía a barro. El cuerpo fue trasladado a Malaca, donde todos salieron a recibirlo con gran gozo.  Al fin del año, fue trasladado a Goa, donde los médicos comprobaron que se hallaba incorrupto.

[quote_right]Diez semanas después, se procedió a abrir la tumba. Al quitar el barro del rostro, los presentes descubrieron que se conservaba perfectamente fresco y que no había perdido el color; también el resto del cuerpo estaba incorrupto y sólo olía a barro[/quote_right]

Fue una travesía larga, que culminó con la llegada a Goa el 16 de marzo de 1554. Dicen los cronistas que fue un acontecimiento realmente apoteósico y multitudinario, en el que decenas de miles de personas daban la bienvenida al cuerpo del misionero, a quien ya el pueblo veneraba como santo a pesar de que la canonización no habría de llegar hasta 1622. En Goa recibía sepultura por segunda vez. En 1613 se trasladó de forma definitiva a la iglesia-basílica del Bom Jesús, en la misma ciudad de Goa, en donde reposa y es venerado desde entonces.

En estos tiempos sedientos de conquistas y de poder, Francisco abrió los ojos, los brazos, y por sobre todo los espíritus, de todos aquellos que recibieron su mensaje evangélico. Su corazón, madurado por 11 años vividos en el oriente, acepta y recibe entonces toda diferencia de cultos, de razas, de civilización, sembrando por donde Dios lo manda, la Buena Noticia del Amor.Mientras esto sucedía, la popularidad de San Francisco Javier alcanzaba cotas insospechables. Eran centenares las curaciones milagrosas que se atribuían, de forma popular, a la intercesión de quien oficialmente todavía no era santo. Y, en consecuencia, la demanda de reliquias era cada vez mayor.

[blockquote]Decenas de miles de personas daban la bienvenida al cuerpo del misionero, a quien ya el pueblo veneraba como santo a pesar de que la canonización no habría de llegar hasta 1622. Eran centenares las curaciones milagrosas que se atribuían, de forma popular, a la intercesión de quien oficialmente todavía no era santo[/blockquote]

El día 3 de noviembre de 1614, se procedía a cortar su brazo derecho desde el hombro, y se llevó a Roma la parte que va desde el codo hasta la mano, y fue depositada en la iglesia del Gesú, conservándose allí desde entonces dentro de un relicario.

El Santo de la amistad, del compartir, de la apertura a los demás, fue canonizado el 12 de marzo de 1622, ya declarado patrón de las misiones. Su fiesta se celebra el 3 de diciembre.